martes, 25 de diciembre de 2007

CORNELIO

Quiso Dios que Cornelio se casase con una mujer galana y de muy buen carácter. Como había de ser, engendraron dos hijas tan bellas y dispuestas como la madre. Pasó el tiempo y la prole fue creciendo, tanto en estatura, como en gracia y donaire.
Cornelio era ambulante de correos y apenas disfrutaba de descansos. Un día llegó a casa de improviso y se encontró a don Cipriano, el boticario, tomando café. No le extrañó mucho, pues era vecino y había un trato cordial. Sí que le inquietó encontrar en días sucesivos a Rogelio el casero, Abundio el de la tienda y Nines el del carbón. Su mujer le explicó que se aburrían en su ausencia, que se habían cansado ya de la brisca y les hacía falta alguien para completar un tute por parejas.
Quedó Cornelio tranquilo y no hubo más.

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