viernes, 28 de diciembre de 2007

MATEO

Interior noche. Un compartimento de ferrocarril; en la pared anuncios de Calisay y Goya con filtro. Sentados están una señorita bella y atildada, un sacerdote de mediana edad con clerimán, un muchachito de pantalón corto y Mateo. De repente se apagan las luces y suena un grito. Se hace la luz y la señorita llama al revisor, toda sofocada ¿Quién ha sido?. “Desde luego Mateo no gana para sustos”, comenta Bernarda desgranando guisantes frente al televisor. Lo dice como si fuera un conocido o un vecino. Mientras, mi tío Isacio se rasca la oreja con un mondadientes mientras mira sin ver una de las muchas telarañas del techo.

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