lunes, 3 de diciembre de 2007

AMADO

Hay nombres que han sido adjudicados al azar, tras un mero vistazo al santoral por el párroco de turno. Otros trasmiten la onomástica familiar a través de las generaciones, honrando así a abuelos, padres o padrinos. En tiempos pasados era normal bautizar a un niño con el mismo nombre de un hermano muerto, provocándose a veces efectos nocivos en el alma del sobreviviente que daban lugar a veces a biografías extraordinarias. Sin embargo, hay casos, en que un nombre es toda una declaración de intenciones; este fue el caso de Amado.

Nacido después de tres abortos, cuando Cristeta ya desesperaba de conseguir descendencia, Amado era deseado con ansia y su llegada fue toda una fiesta familiar y hasta tribal y pública. En ningún bautizo se vio tirar tantos caramelos y lanzar tantos cohetes. Cesidio y Rufina, los padrinos, estaban orgullosos de serlo de un vástago tan esperado y Paulino, el padre, se inmiscuyó tanto en el alborozo general que, aún siendo ateo en la intimidad, metió mil duros en el cepillo de san Dominguito, en un arranque de piedad supersticiosa.

Amado fue el clásico hijo tardío, celebrado no sólo por sus padres, sino por tías, abuelas y demás familia. Todo en casa giraba en torno del querubín preciado que, para más delito, era de una belleza y rubicundez apabullantes. Todos sus gestos eran coreados de inmediato. No había pompa de moco, desperezo o eructo que no despertaran la general admiración y el murmullo agradecido. Si emitía un gugú casual, no faltaba quien lo interpretara al punto como un “papá”, “mamá”, “agua”, “leche” o –si me apuran- con un clarísimo “oigausté, señora, sírvase darme la teta, s’il vous plaît”.

La cosa siguió siendo de locura, a medida que avanzaba la infancia de la estrella. Todos sus dibujos del parvulario eran elogiados como dignos de un Picasso o un Miró, según presentasen formas asimilables a cornúpetas o bien círculos y rasgos con los colores del parchís. Sus cuentas de sumar eran ensayos de un nuevo Newton o elucubraciones de un Einstein gentil a punto de emerger. Lo malo fue cuando la simpleza y estulticia de Amado se convirtieron en algo tan patente que ni sus más entregados y lisonjeros exégetas tuvieron ánimo para negarlas. Amado siguió sin embargo muy pagado de sí mismo, mientras crecía en estatura y vaciedad.

Hoy, Amado es un apreciado directivo, feliz, satisfecho y desacomplejado. Su sonrisa franca, su porte atlético y, sobre todo, la confianza sin límites en sus dotes de persuasión, le han introducido en la política con buenas perspectivas de futuro. Su lema: “Ama la vida, ama el amor, con corazón”, aparece sin cesar en los mass media y otros canales de embrutecimiento general.

3 comentarios:

cacho de pan dijo...

amado nació con buena estrella, no hay duda.
aunque su destino mediático pueda resultar facilón, seguro que vive en una buena casa y usa ropa de primeras marcas.
¿amor? ya no lo necesita. lo lleva en su nombre.

cacho de pan dijo...

amado nació con buena estrella, no hay duda.
aunque su destino mediático pueda resultar facilón, seguro que vive en una buena casa y usa ropa de primeras marcas.
¿amor? ya no lo necesita. lo lleva en su nombre.

♥♥♥JOSELYN♥♥♥ dijo...

Me encanta el Nombre AMADO...

LLegando Navidad, Te envito Antonio Toribios a pasar por mi blog, Tardecita comparto mi Cumpleaños. Abrazos y Bendiciones chau chau