domingo, 23 de diciembre de 2007

AMADEO

De que Amadeo nació para músico dan fe las crónicas de familiares y vecinos. Su llanto era una especie de canto de Walkirias y utilizaba el sonajero con el son del mejor ritmo afrocubano. En cuanto pudo hablar, se explayó con líricos recitativos con su voz de soprano, que hacían vibrar los cristales de Bohemia de las lámparas. A todas luces tenía la culpa su tía abuela Eduvigis que siempre quiso ser cantante y quedó frustrada por un matrimonio temprano y una viudez superlativa. Encerrada en un piso de siete habitaciones y cinco balcones a la calle, se dedicó a cultivar su pena y algunos geranios. No hay que decir que todos se volcaron en el pequeño genio. A los 5 años tocaba ya el violín, la guitarra y un cornetín que le hicieron de encargo. A los 6 le compraron ya un piano. En el barrio no se hablaba de otra cosa. Todos esperaban de él los mayores prodigios. Pero quiso el destino que el Carnaval siguiente se lo llevara la parca de improviso. El día antes habían pasado por los pisos, pidiendo unas monedas, unas máscaras negras de corte veneciano.

2 comentarios:

Macachines dijo...

nos hemos perdido un Mozart local

Antonio Toribios dijo...

Desde luego, Macachines, no se te escapa una.
Un abrazo y feliz Año Nuevo.