sábado, 22 de diciembre de 2007

ADELINA

Su nacimiento, en la sala de espera de una estación, puede que condicionara el resto de su vida. Lo cierto es que se enamoró, en su primera juventud, de un viajante del ramo textil. Su permanencia en los andenes, incluso en las tardes de cierzo, penando por ver a su amor, dio lugar en la época a una conocida canción popular. Deshonrada y sola, dicen algunas fuentes que recaló en una casa de tolerancia de Bilbao. La muerte del niño fruto del pecado la sumió en una amarga desesperación. Se dice que acabó sus días como interna en un asilo para mujeres descarriadas, donde encendía velas por la noche para guiar hasta ella a un amante imaginario. Incluso llegó a circular la especie de que rendía culto a un papagayo disecado, pero ese extremo no es fiable y se cree fruto de contaminaciones novelescas posteriores.

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