jueves, 11 de octubre de 2007

LETICIA

Era una buena amiga y una alegre compañera de juegos. Se podía confiar en ella. Siempre, eso sí, que los secretos no fueran demasiado codiciados por los otros chicos y chicas de la escuela. No obstante, yo le perdonaba esos deslices. Pero lo que me sacaba de quicio era su extremado romanticismo. Vale que, a los diez años, todas quisiéramos casarnos con un príncipe; pero es que a los quince ella seguía con ese objetivo incrustado en las meninges como un talismán que marcara sus pasos. Yo la tomaba el pelo. A veces era hiriente, lo reconozco, pero es que su tozudez y estiramiento no nos era muy favorable a la hora de ligar. Al final, nos acabamos distanciando. Y mira que lo he lamentado veces. Sobre todo cuando se casó y no me invitó a la boda. Menuda boda. Quién me lo iba a mí a decir.

1 comentario:

Beatriche dijo...

Esto engancha, empiezas a buscar un nombre y te vas parando por aquí, por allá... Hay que poner un índice o búsqueda por letras o por fechas... aunque al final si quieres leerlos todo. !Muy buenos!