viernes, 28 de septiembre de 2007

SUSANA

Susana fue muchos años casta, seguramente porque no encontraba su amante ideal y no era mujer de citas a ciegas. Un día conoció a Gerardo y fue como una revelación. Por la noche ya estaba con él, recuperando el tiempo perdido. Practicaron el Kama Sutra hasta la postura diecisiete y decicieron doblar ahí la esquina de la página por pura extenuación. A la semana alquilaron un piso y convirtieron la práctica del sexo en un hobby, con la absorbencia y el tesón de quienes hacen la torre Eiffel con cerillas de madera. Quedaban a la salida del trabajo e impregnaban de deseo todo el inmueble hasta bien entrada la madrugada.

Susana, en realidad se llamaba Clara. Susana la llamaba Macario, un jubilado del ferrocarril que compartía tabique con el escenario de los hechos, cuando comentaba con Digna, su esposa, los sabrosos quejidos que les amenizaban las veladas.

Aunque Clara, no era tampoco su verdadero nombre, sino una ocurrencia de su padre, que la llamaba "Clara de noche" cuando, de adolescente, la veía pintándose para salir de fiesta. Realmente había sido bautizada como Filomena, por mor de una madrina egotista y un puntito cruel. De todos modos se hacía llamar siempre Talía, aunque a su amante a veces -en el fragor más intenso de la brega- se le escapaba el nombre de Cristina.

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