jueves, 27 de septiembre de 2007

ROMÁN

Román siempre tuvo la sensación de ser un personaje de novela. Ya de niño oía una voz interior, una especie de locutor deportivo que narraba lo que él hacía en cada momento. Pensó que era lo normal, hasta que se lo comentó a Falcón, su mejor amigo, y éste le miró con una mezcla de estupor y miedo a lo paranormal que le obligó a convertir la cosa en broma. Decidió no contárselo tampoco a su confesor porque, cuando ya lo tenía decidido, pasaron en el cine del barrio la peli de una santa, con cara de Ingrid Bergman, a la que quemaban por algo parecido. Así que, no tuvo otro remedio que vivir con aquello.

2 comentarios:

cacho de pan dijo...

hummm, tendría que pasar de todo y ser feliz...no todos pueden ser un personaje de novela.

Romi dijo...
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