viernes, 14 de septiembre de 2007

LIDIA

"Estoy viviendo un momento dulce", me dice Lidia, mientras se toma un helado de tres bolas, con su salsita de frambuesa y su canutillo y su paragüitas de papel. Y no se refiere sólo -ni siquiera principalmente- al deleite inmediato de las papilas gustativas. Lidia y yo estamos sentados en una terraza junto al mar. Lidia es bella y joven y serena y quedamos a veces para hablar de la vida y para ver pasar a la gente. Hace meses que no sabía de ella y ahora, mientras se mecen la olas y graznan las gaviotas, me dice que ha encontrado en una editorial el trabajo de su vida. Y también, ay, que ha encontrado a Gustavo. Me habla luego de Gus y de cómo sonríe y de lo mucho que me gustará conocerle. Yo le pregunto por detalles que preferiría no saber, mientras contemplo a los niños que pasan y a un vendedor de globos ladinamente disfrazado de payaso.

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