viernes, 28 de septiembre de 2007

JACOBO

Jacobo tenía desde la infancia, un sueño recurrente. Iba por una calle, al anochecer, y se encontraba montones de libros y revistas tirados en la basura. Dominado por la intensa pasión de acumular papel impreso, no podía sustraerse a sus fieros deseos y hacía angustioso acopio del preciado bien. Los montones de volúmenes se le escurrían entre las manos y sentía un gran desasosiego al pensar, que los libros que dejase, iban a ser recogidos por cualquier otro viandante. En ese punto se despertaba siempre, bañado en sudor frío.

Una tarde, ya maduro, paseaba por un barrio de la ciudad que le traía a la mente sutiles recuerdos de felicidad pretérita. Al doblar una esquina pudo ver a una mujer menuda que salía del portal y depositaba junto al contenedor una pila inmensa de libros nuevos y flamantes. Antes de llegar a su altura, le había visto realizar tres salidas con la misma mercancía. Comenzaba a llover. Jacobo sintió que el corazón se le encogía, dio un brinco y cruzó la calzada entre un tráfico que le amenazó con sus bocinas. Respiró de alivio en la otra acera. La mujer le resultaba ahora vagamente conocida, pero no se permitió echar la vista atrás.

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