miércoles, 5 de septiembre de 2007

CELSO

A Celso, le regalaron un reloj de pulsera marca Casio. Fue por su Comunión. Desde entonces su vida estuvo regida por Cronos. Se levantaba con el zumbido del aparato, lo miraba en cada comida, en cada recreo; siempre que subía la escalera, se asomaba a la ventana o se ataba los zapatos. De noche encendía la luz para ver los dígitos bajo las mantas. Ya adolescente, se aprendió el horario de todos los autobuses, el día y la hora de todos los partidos de fútbol y el minuto en que salía por el portal cada chica del barrio. Su primer beso se produjo en el momento correcto, lo mismo el primer coito y su único matrimonio, pues eligió la pareja óptima tras un tiempo adecuado de noviazgo. Todo según la media estadística -ciencia ésta que le subyugaba cada vez más- de la población occidental. Se colocó en una empresa financiera y fue el rey de la previsión y de los pronósticos veraces. “Todo a su tiempo y cada cosa en su momento” fue el lema que repitió toda su vida. La Parca vino cuando era justo y necesario, todo como la seda. Les enterraron juntos a Celso y a Casio, como a Cástor y a Pólux, en la línea que separa el cielo del averno.

1 comentario:

Javier Menéndez Llamazares dijo...

Lo malo es que seguro que a Celso cualquier mínimo cambio en la rutina, un retraso en el autobús o un crack bursátil de nada le sacaban de sus casillas...
Gran relato, muy ingenioso.
Saludos.