domingo, 9 de septiembre de 2007

BENEDICTO

“Benedicto –hijo- nunca vas a misa”, le decía su madre. Y Bene, pacienzudo: “Pero, madre, ya le he dicho mil veces que soy agnóstico”. La escena se repetía cada domingo y fiesta de guardar. La buena mujer era obstinada e impermeable a las palabras raras. Siguió la cosa así hasta que a Bene –como a un Ramón y Cajal de lo piadoso- le llegó el momento del cambio. Y éste fue radical. De la frialdad para con el culto pasó sin transición a la más estricta beatería. Tanto fue así que llegó a lo más alto. Por debajo de Dios, se entiende.

1 comentario:

Macachines dijo...

Buenissimo, tabién podria haber salido capomaffia.