miércoles, 12 de septiembre de 2007

BASILIO

Mi primo Basilio nació más negro que el carbón. El hecho no tendría mayor interés de no concurrir la circunstancia de ser sus padres ejemplares típicos de la etnia caucásica. De hecho a mi tío Rutilio le llamaban en la mili "el alemán" y mi tía Calixta llegó de soltera a las semifinales de Miss rubia con gafas. Mi tío nunca se tragó del todo la explicación oficial de que el niño tenía un lunar que le ocupaba todo el cuerpo. Más bien le sonaba a chiste sacado de las noveluchas que solía leer Calixta. Sin embargo, como hombre sosegado que era, nunca quiso emprender mayores pesquisas. Creció mi primo con el tremendo baldón de ser distinto en una ciudad provinciana de entonces, cuando sólo se veían negros en las pelis de Tarzán y en los cromos de Vida y Color. En la adolescencia, todo el mundo se empeñaba, en las verbenas, en que cantara, bailara y tocara las maracas, cuando él era un soso tan redomado como el más pansinsal de los blancos. Acabó emigrando a Costa de Marfil donde vive feliz con su familia africana. Y es que a veces, ya lo decía Eça de Queiroz, a la novela de la vida hay que hacerle algunas correcciones.

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