sábado, 29 de septiembre de 2007

ANASTASIA

Anastasia conoció a Virginia en el jacuzzi del gimnasio. Era bella y sutil, con la fragilidad de un lirio que va a ser arrancado. Pronto intimaron e intercambiaron anecdotario sentimental. Luego hablaron de sus propios cuerpos. Virginia encontraba atractivas las curvas que a Anastasia le quitaban el sueño. Siempre se había sentido un poco tosca y vivía con la aprensión de un origen rural que, a pesar de su desahogada posición actual y sus cuidados, se evidenciaba a veces en sus maneras y -pensaba ella- en una pátina peculiar que le cubría la piel como un estigma. Por eso le sorprendió oir decir a Virginia:"Pareces una princesa en el exilio". No contestó y siguieron hablando de temas variados. Esa noche, ya en casa, se sintió Anastasia especial y no supo, o no quiso, explicarse el porqué.

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