lunes, 6 de agosto de 2007

VIDAL

Vidal fue siempre un amante convencido de Natura. Ya de niño se afilió un club de boy scouts. Pronto sus padres le suscribieron al National Geographic. Aprendió enseguida a clasificar la basura en un número inimaginable de categorías. Ahorraba energía y era un acérrimo perseguidor de fumadores y otros cultivadores de hábitos nocivos.

Se casó con Justa y tuvieron un hijo y una hija. Formaron una familia sana y feliz, que seguía todas las recomendaciones de la OMS. Consumían productos ecológicos y mantenían su peso en el percentil preciso y necesario. Por supuesto daban grandes caminatas por el campo y se sentían en comunión con el medio natural. Cuando hacía mal tiempo adoraban ver juntos los documentales de flora y fauna de la tele.

Tenían todas las papeletas en su mano para haber vivido largos años en armonía vital. Pero quisieron los hados que, estando merendando en un pinar, cayera un rayo y perecieran todos en las llamas. Todo fue muy natural, una nube cargada, una chispa, y una combustión de los cuerpos que los convirtió en ceniza en poco tiempo. Una ceniza rica en fósforo y nutrientes que la naturaleza aprovechó con eficacia y desdén.

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