martes, 21 de agosto de 2007

ELISA

... Y ya fuiste siempre “Elisa, vida mía”. Entonces nos gustaba el cine “de autor”, ¿te acuerdas? Íbamos los domingos al salón de actos de un colegio de frailes, frío y desangelado, donde proyectaban a Bergman y a Antonioni , a la Cavani, a Herzog y otros impronunciables del “nuevo cine alemán”. Soportábamos unos subtítulos ilegibles como hileras de hormigas, arrebujados en nuestros gabanes, con los cuellos levantados. Luego salía un joven con barba y gafas de montura gruesa y se ponía a sonsacar opiniones a la concurrencia. Yo vencía a veces mi natural timidez y hacía algún comentario en voz alta. Hablaba del “silencio de Dios” o del “nihilismo” de tal o cual personaje, una palabreja que entonces vestía mucho. Todo era para impresionarte, ahora puedo decirlo, Elisa...vida mía.

2 comentarios:

Javier Menéndez Llamazares dijo...

Lo que hay que sufrir por amor... algunos caen en la anorexia, buscando la belleza, y otros soportamos ladrillos infumables, en pos de un toque intelectual...
Yo es que es ver un título de crédito en letras chinas y siento un sudor frío y un pánico inexplicables; ¿serán los malos recuerdos?

Antonio Toribios dijo...

Bueno, a mi Saura me gustaba (y me gusta) y Bergman también. Eso sí, lo del frío era inenarrable.