lunes, 6 de agosto de 2007

CATALINA

Lo de Avenancio podría parecer un chiste, pero el caso es que cuando a Basino, su padre, le preguntaron en el Ayuntamiento cómo quería poner a la criatura, él se puso nervioso y tartamudeó A-a-a...venancio, y así quedó escrito en los papeles para siempre. Avenancio conoció mujer, llegado el tiempo, y tuvo a su vez dos hijos, Catalina y Onésimo.

Catalina era, desde pequeña, poco dada a jugar con muñecas y las otras zarandajas que solían entretener a sus amigas. Sin embargo, en cuanto compraron a su hermano una bici de carreras, con la intención de que desarrollara su mermado físico, se aficionó de tal modo a ella que ya no quiso saber nada de otra cosa. Onésimo la dejó hacer, pues estaba llamado a más altos destinos.

Catalina empezó compitiendo en carreras locales y acabó en figura comarcal del mundo del pedal. Lo peor fue que la vetaran en el campeonato regional por su condición de mujer. Desengañada, emigró a Ginebra y se empleó en la industria relojera. Acabó descuartizada en un accidente laboral trágicamente célebre, que dio lugar a enconadas algaradas callejeras.

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