lunes, 6 de agosto de 2007

ABUNDIO

Abundio era más listo que el hambre. Y no es que fuera muy bien en el colegio que digamos, todo lo contrario, que don Sabino le tenía un día sí y otro también de rodillas y con las orejas de burro en la cabeza. Las artes de Abundio empezaban a hacerse notar en el recreo, donde era un lince con las canicas y un jugador de ventaja canjeando cromos y tebeos.

Pasó el tiempo y, a la hora de la herencia, se apañó para hacerse con las mejores fincas, lás más próximas al canal de riego. Fundó una cooperativa y se quedó siempre con la mejor parte, a la vez que ejercía de líder esforzado y héroe de la causa agraria. Su lema fue siempre arrimarse al poderoso, halagar al igual y engañar sin reparos de conciencia al infeliz y al demasiado escrupuloso. Con este mecanismo bien engrasado, consiguió colocarse poco a poco en el estrato social de los elegidos, sobre todo a partir de su casamiento con Pelagia, hija única de don Sidronio, el dueño de la panificadora.

Su meteórica carrera despertaba admiración entre sus conciudadanos. Hasta Plácido, alumno ejemplar y ahora simple empleado de banca, envidiaba su suerte. En la comarca se acuñó la frase “ser más listo que abundio”, que se aplicaba a todo aquel que realizaba un acto pecuniariamente meritorio. Vivió Abundio muchos años y tuvo abundantísimos discípulos.

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