jueves, 26 de julio de 2007

SUNIVA

Sus padres estaban hartos de Yasminas y Vanessas en su entorno, así que echaron mano de un viejo misal de pastas de cuero y cintas de colores. Allí fue donde dieron con Suniva. Fue un acierto de cara a su futuro. En cuanto se la presentaron a Edgar, en su puesta de largo, éste dijo: “tienes nombre de sociedad anónima”. Y así fue como, por capricho, Edgar – un rico heredero, hasta entonces derrochador y bebedor impenitente- dedicó parte de su fortuna a montar, con su reciente esposa, la mayor empresa hasta la fecha de energías alternativas. Fue un éxito y vivieron felices muchos años.

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