sábado, 21 de julio de 2007

PEDRO

Desde niño sintió la pulsión irrefrenable de lanzarse de cabeza a favor de la gravedad, o sea, en dirección exacta al centro de la Tierra. Al principio, sus caídas se veían entre sus allegados como cosa propia de la edad. Lo malo fue que el mal persistió, e incluso se hizo más severo, con el paso de los años. Llegó un momento en que Pedro era incapaz de asomarse a una ventana, o acercarse al hueco de una escalera, sin sentir un impulso irrefrenable de lanzarse al vacío. Tras muchos y desagradables incidentes, su familia decidió ingresarlo en una institución dedicada al cuidado de personas con formas alternativas de conducta. Allí lo alojaron en una habitación acolchada y sin ventanas, que lo protegiese de si mismo. Por otra parte, a instancias de un vecino procurador con ganas de clientela, iniciaron acciones legales contra don Isaac Newton.

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