sábado, 21 de julio de 2007

EVA

Eva se despertó tendida al lado de un ser parecido a ella misma. Se incorporó un poco y se puso a observarlo con curiosidad de neófita a la luz incierta de la aurora. Su forma era similar a la suya, con cuatro extremidades terminadas en cinco dedos, una cabeza, dos ojos, una boca... Tenía, sin embargo, más vello, menos pecho, músculos más visibles y, sobre todo, un estraño apéndice proboscidio en el bajo vientre que llamó poderosamente su atención. Lo observó un rato con cándido asombro. Sintió deseos de tocarlo, de examinarlo con detalle, pero no se atrevió; al fin y al cabo aún nadie les había presentado.

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