sábado, 16 de junio de 2007

ISMAEL

Cuentan de él que era un dechado de incorrección política, incluso en tiempos en que aún no existía el término. Especialista en llamar al pan, pan, y al vino, vino, no reparaba en medios de encrespar en contra suya al más paciente y morigerado de los mortales. Desde preguntar "de qué mes estás" a las chicas gorditas, hasta saludar con risotadas al viudo reciente, pasando por consolar al enfermo terminal con un "no te preocupes ya te queda poco de sufrir"; cualquier ocasión era propicia para sus devastadores comentarios. Sus hagiógrafos le atribuyen perlas como: "¿y, siendo tan fea, tienes novio?", "¿tenían talla para ti en la tienda?" o "nadie diría, oyéndote, que fueses bachiller". Por supuesto, Ismael actuaba movido por las más sanas y benefactoras intenciones. Son famosas sus pláticas en que argumenta, con discretas razones, el bien que la sinceridad llevada al extremo supondría para la sociedad.

Pero, sus teorías fueron incomprendidas en su época. Como tantos sabios, fue ninguneado, despreciado y hasta agredido por unos semejantes inmaduros aún para apreciar su genio. Llegó a ser la aversión tan virulenta que la gente abandonaba bares, teatros y hasta estadios en masa, en cuanto Ismael hacía acto de presencia. El asunto pasó de incomodidad de unos cuantos a problema social y de orden público. Las autoridades, reunidas para el caso, decidieron deportarle a una isla perdida.

Allí entró en contacto con Justina, eremita voluntaria en busca de la mortificación. De su unión nacieron Alina, Cecardo, Vibranda y Ticón, que fueron instruidos en la descortesía más absoluta.

No hay comentarios: