sábado, 30 de junio de 2007

FLAVIANO

Flaviano fue siempre un putero. Lo decía Consuelo, su mujer, secándose las manos en el delantal para atender a aquella amable señorita –flamante, además, y escotadita, qué mona– de la tele. Si ya le decía yo que acabaría mal, añade, con ese deje de esposa-madre que comprende y protege, niño malo. Y es caso es que Flavi era buen chaval, si nos atenemos –eso sí– a lo que nos cuenta Benigno, compañero de tute, confidente y mártir, a veces, todo hay que decirlo. Que es que a Flaviano había que llevarlo al menos entre tres. Lo reconoce Chelo, que hasta agradecía en ocasiones –lo dice, así... como sin querer- que se fuera por ahí y la dejara en paz y sosiego, ensimismada.

Y, es que no estaba ya en edad –sigue la mujer, con una mezcla de apuro e ilusión candorosa ante la cámara-, pero él erre que erre, siempre fue muy turrión, el pobre. Y es que claro, lo que yo digo, cada cual encuentra la horma del zapato. Y nunca mejor dicho, que Macario estaba harto de que apareciese por allí en cuanto dejaba sola a la Elia pegando medias suelas y, claro, el Maca es mucho Maca... Y Chelo –la esposa, bueno la viuda de Flaviano- hace un gesto así, al bies, como con algo contundente, mientras pregunta –es un momentín, señorita- si puede arreglarse un poco para la próxima toma, que la ven en el pueblo y usted ya sabe...

No hay comentarios: