lunes, 18 de junio de 2007

CIRIACO

A Ciriaco le fascinaban los cuellos de nácar de las vírgenes. Desde muy joven destacó por sus maneras delicadas y gentiles. Su bello rostro, presidido por una mirada sosegada y penetrante, le confería un gran predicamento entre las damas. Sin embargo, su fijación erótica era tan exclusiva que interfería gravemente en sus relaciones amatorias.

Cuando, tras una velada íntima, su acompañante le ofrecía anhelante los labios, Ciriaco sólo tenía ojos para la blanca piel, surcada de sutilísimos cauces azulados, que se extendía entre el mentón y la clavícula. La cita solía acabar abruptamente, con la chica huyendo desairada, y Ciriaco preso de sus propias cadenas invencibles.

Pronto, entre las mujeres casaderas de su entorno, se pusieron de moda el cuello cisne y los fulares.

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