sábado, 16 de junio de 2007

ABRAHAM

Mujeriego impenitente, el lema de su vida era "no perderlas a todas por una". Soltero ya talludo, vivía de pensión en pensión y bebía de barra en barra. Tenía citas galantes, cuando podía, y visitaba a mujeres de moral distraída, previo pago, cuando no, que eran la mayoría. En esas aficiones iba Abraham quemando su vida alegremente , a la par que cajetilla y medio de Ducados cada día.

Aunque no era creyente, había aprendido la doctrina cuando niño. Por eso reconoció la escena que se le presentó una mañana en su taller, mientras, entocinado de grasa y blasfemando trataba de enderezar la chapa maltrecha de un Gordini. De pronto se oscureció el sol, en un día de cielo azul intenso, lo que hizo que se girara intrigado. A contraluz estaba un hombre con un pesado fardo en un hombro que le dijo, con una voz profunda, como de locutor de medianoche: "Abraham: concebirás con Sara un hijo que recibirá el nombre de Isaac".

A pesar de haberse dado cuenta de que el extraño visitante no era sino Bernardo, el butanero, la frase le dejó confuso. Un "¿Quién soy, de dónde vengo, adónde voy?", cruzó su mente como un latigazo, sin que pudiera hacer nada por evitarlo. Hizo un repaso alfabético de féminas que se habían cruzado en su camino: Aquilina, Benilde, Germana, Livia, ... ; incluso Yolanda, una hippie que estaba como una cabra, pero ninguna Sara.

Desde entonces, recorrió Abraham el mundo, preguntando su nombre a las mujeres. Empezó en el barrio, luego en toda la ciudad; encontró dos docenas de Saras, pero ninguna era la suya. Empezó a viajar a otras urbes. Al final vendió el taller y se hizo representante de cosméticos. Viajaba sin parar visitando gineceos sin fin. Nunca agradeció bastante a Bernardo haberle mostrado, sin querer, su camino verdadero.

2 comentarios:

Macachines dijo...

Me encanta, el mejor...

Anónimo dijo...

Yo lo suscribo. aunque para mí, ninguno tiene desperdicio. ¡Qué galería de personajes!

Achab