martes, 21 de mayo de 2013


 Voy con las respuestas al cuestionario que me plantean como nominado al  "LIEBSTER AWARD":


¿Vale la pena pasar tantas horas ideando cómo actualizar el blog?
No son tantas horas. Eso sí, muy tardías; ahora mismo son más de las dos de la mañana, eso sí que se paga al día siguiente.

¿Por qué decidiste convertirte en blogger?

Siempre me ha gustado escribir y el medio digital es una maravilla en cuento a inmediatez y facilidad de difusión.

¿Echas de menos el papel?
No, aunque no lo veo incompatible.

¿Quién te lee y te sigue?

Hace tiempo tenía varios comentarios fijos, aquí en el blog; ahora, con la implantación de Facebook y otras redes, me siguen a través de ellas un puñado de amigos y (quién sabe) cierto número de lectores ocasionales.

¿Hasta cuánto es generosidad y hasta cuánto vanidad?

Sin cierta vanidad no se puede crear, pero si no la controlas puedes caer en el mayor de los ridículos.

¿Qué peso tienen los demás en tu blog?

En algunos de los "santos" hay rasgos de personas conocidas o de mi entorno, pero no es lo que más peso tiene en las historias.

¿Te han dolido algunos comentarios leídos?

Afortunadamente no, sobre todo ahora que no tengo ninguno. (O casi, que alguno hay y es bueno)

¿Has hecho tú críticas ácidas?


Al tratarse de un blog de creación literaria pura, no se da el caso, al menos de manera directa, aunque sí puede haber referencias a aspectos criticables de la ralidad.

¿Has preferido adular a sabiendas de que mentías?

Adula, que algo queda... Pues no, no soy muy adulador; mea culpa.

¿Esperabas nominaciones y aplauso?


Pues no, la verdad es que me ha sorprendido agradablemente.

¿Has llegado a lamentar tanto esfuerzo?


Para nada. Si se tratase de cavar zanjas, lo lamentarían mis riñones, pero las meninges no se resienten tanto.

lunes, 20 de mayo de 2013

Este blog ha sido nominado al "Liebster Blog Award"

Lo ha hecho Juan Manuel Sánchez Moreno, autor del blog "Letras sin papeles (Cortoletrajes)"(http://juanmanuelsanchezmoreno.blogspot.com.es/2013/05/liebster-blog-award.html), a quien agradezco el detalle. Me queda a mí la tarea de elegir a 11 candidatos y plantearles 11 preguntas, lo que haré en próximas entregas.


LIEBSTER BLOG AWARD

Gracias, Juan Manuel Sánchez, de "Letras sin papeles (Cortoletrajes)"
LIEBSTER BLOG AWARD - MI SELECCIÓN 

El Liebster Blog Award, es un premio de carácter simbólico que se va transmitiendo entre bloggers para reconocer el trabajo y la calidad de blogs con menos de doscientos seguidores y dar a conocer blogs que estén comenzando. La concesión, aceptación, de este premio tiene una serie de sencillas normas o compromisos, a cumplir en el próximo mes:

  1. Nombrar y agradecer el premio a la persona/blog que te lo concedió.
  2. Responder a las 11 preguntas que te formule.
  3. Conceder el premio a 11 blogs que te gusten y que estén empezando.
  4. Formular 11 preguntas para que respondan los bloggers a los que premias.
  5. Visitar los blogs que han sido premiados junto con el tuyo.
  6. Informar a los bloggers de su premio.

lunes, 29 de abril de 2013

OLIVA



        Oliva, más conocida como Olivandentro, destacó desde la temprana edad en que Natura orna a las ninfas con sus dones, por poseer unas redondeces bastante apetecibles a juicio de los varones heteros de su entorno. Ello inquietaba a su padre, de nombre Focas, que se apresuraba a llamarla en cuanto asomaba por la puerta de la calle con un “Oliva adentro” que, harto repetido, dio paso al alias con que acabó siendo conocida

        Oliva creció pues circunscrita al ámbito del hogar, como una de esas  plantas de interior que se marchitarían ante la más mínima corriente. Como hija única que era, no tuvo más trato con hombres que las visitas del cobrador de la luz o del cartero, amén de los viandantes que se cruzaba por la calle, camino del colegio de monjas al que iba.

        Ocurrió que llegó de visita un domingo su tío Virgilio y trajo consigo al primo Teófilo, un pardalín algo mayor que Oliva, que iba para fraile. Como fuese que los mayores tenían algunos temas de herencias que tratar, se decidió dar permiso a los jóvenes para que fuesen a la sesión de tarde en el teatro Principal, donde se proyectaba con gran éxito “Franco, ese hombre”. Siendo domingo, se encontraron los tiernos primos, con que sólo quedaba un palco libre y allí se acomodaron ambos, protegidos del mundo por la calidez de aquel útero oscuro.

        De lo que ocurrió no existen testigos, pero vive aún quien afirma haber advertido meses después las nuevas redondeces en el cuerpo de la moza deseada. No es otro el testigo que Clemente, un barbián que se pasaba el día espiándola a través de las ventanas del patio común. Dice Clemente que hubo voces en casa de Olivandentro, que Focas, transmutado en pinnipedo rugiente, quiso matar al cuñado y al sobrino, que el seráfico Teófilo juraba y perjuraba no haber pecado ni aún de pensamiento, que las madres de ambos se tiraron de los pelos. 

jueves, 25 de abril de 2013

QUIRINO



        A Quirino le compraron de pequeño un cochecito de esos de pedales y acabó siendo taxista. La cosa no fue así, tan simple como una relación de causa-efecto. Hubo pasos intermedios, claro está. Primero, el niño Quirino se dedicó a explorar los cuatro tramos de su calle y la que la cruzaba. Se aprendió el nombre que figuraba escrito en sendas placas, con la ayuda de su abuelo Cayo, y los números de cada portal, en cuanto supo contar hasta doce. Luego empezó a cobrar una peseta a cada niño que quería montar; dos, si el viaje era de ida y vuelta.

        De ahí pasó Quirino a transportar chavales en la barra de su bici, previo pago, que de aquella no todo el mundo tenía vehículo y algunos necesitaban llegar pronto. Así es que, al cumplir la edad reglamentaria, Quirino tenía ya estudiado de antemano el grueso libro donde venían todas las señales en color, con guardias de tráfico dibujados en sus templetes con sombrilla, moviendo las manos enguantadas según conviniera a cada caso. Se sabía también el callejero, de pe a pa, pues lo llevaba estudiando todo el bachillerato, en lugar de aprenderse las capitales y ríos de los cinco continentes, que mira tú para qué me valdrán, no sé qué empeño tiene don Eugenio.

        Y qué razón tenía, porque no se conoce taxista más vocacional y que más disfrutara llevando gente de un lado al otro de la ciudad. Especialista en esperar viajeros en la estación del Norte, manejaba las maletas como nadie, mientras silbaba una canción. Era atento y servicial con todos sin llegar a ser entrometido. Elegía los trayectos que mejor convinieran al cliente, incluso en los casos de los turistas despistados. Cobraba siempre lo que marcaban las tarifas y su taxímetro era tenido por modelo de exactitud suiza. No se molestaba si alguna vez un niño enfermo vomitaba la tapicería, y era comprensivo con el achispado cliente que se empeñaba en contarle los pelos y señales de su último round en la cama de la Heraida. Ponía la radio contando siempre con las preferencias de viajero y, esto era lo fetén, ofrecía conversación a la medida de cada cual. Hablaba de fútbol al forofo, según lo conveniente a sus colores; de Botánica al aficionado, lo mismo que de Derecho, Filosofía o técnicas de venta. Y nunca tocaba la política por mucho que se lo pusiesen en bandeja.

miércoles, 24 de abril de 2013

SAMUEL



        No podemos decir que Samuel naciera con el don de la palabra, aunque sí que muy pronto despuntó en él la que sería su principal habilidad. No fue el suyo un aprendizaje paulatino, como corresponde, sino más bien se manifestó el don de un modo que pidiéramos llamar implosivo, a la manera de una erupción de tipo peleano. Hasta los tres años cumplidos no habló ni una sola palabra, lo que traía de cabeza a sus progenitores, Basilisco y Cunegunda, que no dejaron especialista médico sin visitar. Pero ocurrió a los tres años y tres días que, estando el silencioso Samuel merendando en casa de su tía Catalina, emitió de repente el siguiente mensaje, bien aplomado y de seguido: “siento participarle, apreciada señora, que las pastas que reserva a las visitas dejan que desear en lo tocante a su frescura”.

        Es de imaginar el notable estupor que tamaña salida provocó entre los presentes. Incluso algunos testimonios aseguran que, enterada Marcia, la portera, corrió a llamar al párroco para que tomara medidas ante un eventual origen maligno del fenómeno. Lo que sí consta es que el niño Samuel continuó desde ese día con un flujo constante de palabras engarzadas en las estructuras sintácticas más complejas y barrocas que imaginarse puedan. Empezó el parvulario y las maestras no sabían cómo tratarle, por lo que optaron por pasarlo de curso antes de tiempo. Acabado el bachillerato con catorce, a los dieciocho había terminado políticas, teología y derecho cum laude. En las oposiciones, consiguió una cátedra en una prestigiosa universidad y para allá se fue animado y dichoso. Su verbo resultaba tan hipnótico, que pronto el aula magna resultó pequeña para impartir sus clases. En poco tiempo era rector y candidato al parlamento nacional. Sus palabras floridas apaciguaban las conciencias y servían de bálsamo a los problemas de la vida. Tanto fue así que una cadena televisiva le ofreció un contrato millonario para hablar de madrugada urbi et orbi. 

lunes, 22 de abril de 2013

ABSALÓN



Absalón era hijo de un yesista y de una costurera. De niño era despierto y vivaracho, por lo que era festejado por las vecinas, aunque Atanasia, la madre, se dolía de que tuviera una cabeza desusadamente grande. A pesar de que su marido, Jovino, y otras personas lo negaran, y lo achacaran a una preocupación de madre primeriza, Atanasia no dejaba de llevar al pequeño cada martes a la peluquería de Simplicio, que le rebajaba la nuca y le trazaba un primoroso flequillo a punta de tijera.

Creció Absalón, y acaeció que llegó a la pubertad a la vez que penetraba en el país el rebufo de una revolución foránea. Entre los jóvenes se puso de moda el pelo largo, de modo que era un signo de modernidad y de independencia cultivar una abundante melena. Absalón, como era su deber, se opuso firmemente a los intentos de Atanasia de arrastrarse a la cita con Simplicio. Empezó pues el cabello del muchacho a rebasar las orejas y entrar por detrás en contacto con el cuello de la camisa. Se apercibió de ello el yesista, Jovino, a quien la repetición unida por guión de la primera sílaba de su oficio ponía en el disparador, y tomó cartas en el asunto. Una mañana, vio pasar al melenudo frente a la obra en que trabajaba y, espoleado por los denuestos de sus compañeros, con el mono blanco puesto asaltó a su vástago y lo intentó arrastrar por el cabello hasta la calle de al lado, donde Simplicio esperaba beatífico con una tijera en cada mano. No pudo ser, porque Absalón se batió heroicamente, logrando desasirse de las zarpas paternas, aunque no sin perder algunos mechones y un zapato. 

sábado, 20 de abril de 2013

CIRIACA



Ciriaca era dulce y sensible como los estambres henchidos de polen movidos por el viento. De niña era en casa obediente y hacendosa, por lo que sus padres y padrinos la querían con locura,  y trabajadora y estudiosa en clase, lo que la granjeaba el aprecio de sus profesores. Pero Ciriaca tenía un grave problema, y éste no era otro que una enorme y ganchuda nariz de bruja en medio de la cara. 

Ciriaca pasó el cabo de Hornos de la adolescencia y se adentró en el ancho océano de la vida. Sus primeras experiencias amorosas habían sido penosas, por lo que su carácter se fue agriando y fue abandonándose en todos los sentidos. Dejó de arreglarse, acumuló varios quilos de más y dejó de cultivar su intelecto. Acabó trabajando en la oficinucha lóbrega de unos billares, llevando las cuentas del negocio. Allí entró en contacto con hampones bruscos y con garañones embrutecidos, que la animalizaron y borraron cualquier rastro de inocencia.

martes, 16 de abril de 2013

EMMA



Emma nació en el campo, aunque no campesina. Sus padres, Cecilina y Egisto, regentaban el colmado local y la colmaron [sic] de todos los bienes materiales que su condición de hija única les permitía. No le faltaron a la niña juguetes caros, ni vestidos a la moda, en contraste con la mayoría de sus vecinas.

Tampoco careció de libros que la entretuviesen, pues Egisto había tenido sus veleidades con las letras; ni un piano donde aprender los rudimentos de solfeo, ya que Cecilina había estado a punto de dar el paso y convertirse en concertista, antes de que los bandazos que da a veces la vida la hubiera dejado varada en una tienda de aldea.

Emma creció pues con las ínfulas de la señorita refinada, obligada a convivir con gañanes que no levantan los ojos del terruño si no es para observar el color de las nubes. Llegada la edad de la sazón, la ninfa se sentía como una archiduquesa condenada al más cruel de los destierros.